

MUJERES NECIAS
Réplica a Sor Juana
Mujeres necias que acusáis
al hombre sin estilo,
sin ver que sois el motivo
de aquello que condenáis
Sin con ansia sin par
Solicitáis sus dineros
¿por qué queréis que sean sinceros
si los invitáis a defraudar?
Combatís su infidelidad
y más tarde con prepotencia
decís que fue debilidad
lo que hizo la paciencia
Deseáis con obstinada necedad
encontrar al que queréis,
de pretendiente a un sheik
y en la seducción a Simbad
Con el caballero y el patán
observáis idéntica actitud:
despotricando con acritud
contra uno y otro por igual
Aprobación no se ha ganado
pues si en halagaros ha fallado
es un grosero y malcriado,
y si os complace, un arrastrado
Siempre tan necias juzgáis
que con igual balanza
jugáis con uno por su alabanza
y a otro por su desdén culpáis
¿Pues cómo ha de ser aquél
que vuestro corazón ansía
cuando el obsequioso hastía
y el indiferente es cruel?
Dejad así de exhibiros
y entonces sí, con motivo
podréis acusar de lascivo
a quien pretende seduciros
Bien justificáis mi poema
que es falsa, mujer, vuestra belleza
pues en vuestra bella naturaleza
conjuntáis Lucifer, pecado y condena
La Conspiración Feminista , p.512
Lorenzo da Firenze
DESPERTANDO SOBRE ELLA
No hubo forma de descansar....
La vida con ella fue una prueba suprema
de tensión y contención.
Nunca fue lo que esperé.
El sexo lo obtuve y no lo tuve.
Alguna vez lo hubo y a cambio de él
y a medias pagué un precio que nunca sospeché.
Ella fue como una empresa,
la suma total de todo lo que aprecio.
Nada de lo que en este mundo disfruté
fue plena dicha ni disfrute.
Si un solo segundo descansé y me descuidé
me dejó tirado y se descompuso.
Si volteé hacia otro lado
al regresar la mirada ya no estaba
o en mi cara ya había vomitado.
Te fastidia, te demanda,
te destripa, te machuca,
te atropella, te degrada,
te rehuye, te destruye,
te apisona y apabulla,
te encañona y te aplasta,
te embosca, te delata,
te denuncia, te castra y te descalzona.
No ha habido forma de reposo
ni de relajar el espíritu con ella.
Fue placer que duró un suspiro
y tormento parecido a un siglo.
Con ella fui sultán y escarabajo:
lo sultán me duró el respiro
y ya nunca fue placer sino trabajo.
¿Y al final?
¿Qué?
¡Al final me mandó al carajo!
La Conspiración Feminista , p.331
Lorenzo da Firenze
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